Jul 25, 2026 | 19:23

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Nuevo fascismo en América Latina

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Bernardo Corro Barrientos es economista y antropólogo.

Se lee y escucha en los últimos años y meses en diferentes países de América Latina la palabra “fascismo” para calificar a tal o cual gobierno, a tal o cual grupo opositor. Esto causa confusión. El gobierno venezolano, por ejemplo, considera que la oposición democrática de ese país es fascista y acaba de formular una “ley antifascista” para luchar contra sus opositores.

Es necesario aclarar, por consiguiente, tanto el significado y las características originales del concepto de fascismo, así como distinguir las nuevas formas del fascismo generadas en las últimas décadas y años sobre todo en los países de América Latina, como en otros países del mundo.

Según podemos sintetizar de diferentes autores y medios de prensa los fascismos tradicionales (por ejemplo de la Alemania nazi y de la Italia de Mussolini) tenían las siguientes características ideológicas, políticas y económicas: 1) fueron movimientos de masas nacionalistas y militaristas, de espíritu violento y confrontativo, que exaltaban las nociones de patria, de raza y de nacionalidad, en detrimento de las minorías, de los extranjeros y de todo aquel considerado racial, social y culturalmente inferior o diferente; 2) apelaban a nociones de pureza racial, proclamándose herederos de un pasado glorioso a recuperar; 3) fomentaban la organización de fuerzas armadas irregulares o paralelas para perseguir y aniquilar a sus adversarios y someter a la sociedad a un estado de amedrentamiento permanente, lo que se tradujo en la persecución y asesinatos de las minorías o mayorías étnicas, como de los judíos en Europa durante el gobierno nazi; 4) proponían un modelo de Estado de partido único, construido en torno a la supuesta infalibilidad de un líder carismático, al que se le rendía culto a la personalidad: 5) el fascismo promovió un Estado fuerte autoritario y totalitario, militarista, sin partidos democráticos, anclado en las nociones de patria y de raza; 6) en economía fomentaban la creación de grandes empresas estatales, pero sin eliminar las empresas privadas a las que mantenían subordinadas; 7) agredían militarmente a otros países considerados de razas inferiores con el objeto de explotarlos económicamente.

Los regímenes de Benito Mussolini en Italia, de Adolf Hitler en Alemania y el fascismo japonés, son los ejemplos comunes de un Estado fascista. Estos regímenes pudieron ser liquidados luego de largas y sangrientas guerras internacionales que causaron la muerte de decenas de millones de personas, sobre todo de civiles.

Estos regímenes tuvieron posteriormente repercusiones en otras geografías del planeta, como en España con Francisco Franco y en Argentina con Juan Domingo Perón, y se crearon muchos partidos de inspiración fascista en muchos países del mundo, aunque sin llegar a tomar el poder. 

En Bolivia se insinúa que el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Falange Socialista Boliviana (FSB) de los años 40 y 50 del siglo pasado tenían inspiración fascista.

Curiosamente, pese a que países como la Unión Soviética, China, Corea del Norte y luego Cuba (desde principios de los años 60) constituían regímenes socialistas con muchas características similares a los países fascistas iniciales, incluyendo la tendencia a aniquilar a diferentes grupos sociales y raciales o tendencias ideológicas de oposición no se los calificaba como fascistas.

Esto es inexplicable desde el punto de vista académico y político. En estos países no existía la libertad de expresión y no se permitía la existencia de partidos políticos de oposición democrática, no se respetaban los Derechos Humanos, se suprimían las empresas privadas con el justificativo de luchar contra el capitalismo y contra la desigualdad social.

Además, si bien no se procedía a la eliminación física de las minorías étnicas o raciales como en los fascismos tradicionales, se promovía la supresión de las clases sociales altas y más prósperas en nombre de la igualdad social mediante la expropiación violenta y autoritaria de sus bienes. Los propietarios de las empresas y otros dependientes y habitantes de la clase media y baja debían emigrar para sobrevivir.

La falta de identificación política e ideológica de este tipo de fascismo causó graves problemas posteriormente para el avance de la democracia en el mundo y en América Latina. Hasta hace algunos años se denominaban fascistas en América Latina solo a las dictaduras militares de algunos países (Chile, Argentina, Bolivia, etc.), por los golpes de Estado y la represión política. Esta caracterización limitada resultó insuficiente en la teoría y en la política porque no permitía distinguir los síntomas profundos del fascismo de largo plazo en algunos partidos políticos. 

En América Latina, además de Cuba, han surgido desde hace algunas décadas y años regímenes claramente fascistas como el chavismo en Venezuela, el correísmo en Ecuador y el orteguismo en Nicaragua, pero los sectores políticos e intelectuales de esos países y de América Latina no saben aún cómo calificarlos, no acceden a calificarlos como fascistas y solo los llaman “populistas”. Esto es insuficiente. En estos países no existen elecciones libres y democráticas, excepto amañadas, no hay respeto a la libertad de expresión y de prensa, no se respetan los derechos humanos, se limitan a los partidos de oposición democrática y se persigue y encarcela a sus dirigentes y militantes. 

En Cuba, desde los años 60 y se prohibió la existencia de empresas privadas con el fin de liquidar a los empresarios y a las clases elevada y media. El objetivo era establecer el socialismo, con el fin de contribuir a la justicia social y a la eliminación de la pobreza. Las clases altas, media y baja tuvieron que huir y desde entonces Cuba es un país de pobreza extrema generalizada, excepto para la cúpula estatal y sus familias. Un grupo importante de esta cúpula son militares.

Los dirigentes son en general vitalicios y las leyes anticorrupción aparentemente no se aplican a ellos. La nueva clase dominante, la oligarquía de Estado, es racialmente blanca, con fuertes expresiones de racismo social, pese a que gran parte de la población es negra y mestiza.

En Venezuela, la cúpula dirigente se encuentra creando desde hace 20 años un socialismo similar al cubano mediante la fuerte reducción de las empresas privadas y de los empresarios. Gran parte de los empresarios y de la clase media y baja ha huido a otros países. Los altos dirigentes y los altos mandos militares, la oligarquía de Estado, son en general vitalicios, gracias a las elecciones periódicas manipuladas, al igual que en Cuba. Los dirigentes son étnicamente blancos pese a que una parte importante de la población es negra y mestiza. El racismo y la discriminación de la oligarquía de Estado blanca es fuertemente visible.

¿Cuál es el origen social y racial de este nuevo fascismo en América Latina? Los que crean el sistema estatal fascista en los países latinoamericanos son en general salidos de las clases medias y altas, de ingresos medios y bajos, muchos son profesionales y con estudios universitarios. Su origen racial es generalmente blanco y mestizo. Lo mismo sucede en países donde la mayoría de la población es indígena y mestiza. Las aspiraciones económicas de este grupo son en general elevadas y la ubicación en los altos cargos del Estado le permite satisfacer ampliamente sus aspiraciones económicas para ellos y sus familias.

Las cúpulas dirigentes de estos regímenes pueden ser denominadas oligarquías de Estado por su ubicación vitalicia en las altas esferas del Estado y en los estratos sociales y económicos superiores de la sociedad. Las familias de esta oligarquía gozan de manera discreta y encubierta de muchos privilegios. Ella utiliza al ejército y a los órganos represivos y medios ideológicos para perpetuarse en el poder.

La propaganda que genera y difunde la oligarquía blanca y mestiza en el poder mediante los medios de prensa que controla, pretende ser de defensa de los indígenas, de los negros y de los pobres, con el objeto de enfrentarlas a los capitalistas y a los ricos.

Vía: Datápolis 


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