Sep 30, 2026 | 14:01

Digital

Irma Acme, el motor que exporta ropa con Conaintex

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El lema de Irma Acme Vargas, propietaria de Conaintex (Corporación Nacional de Industria Textil), es: “Hay que saber administrar una empresa para poder administrar un país”. Durante dos décadas, la emprendedora alteña ha recorrido un largo camino para exportar su producción a varios países e incluso abrir una planta en Estados Unidos.

El jueves recibió la certificación que la convirtió en socia  de la Cámara Americana de Comercio de Bolivia, tras su formación en Amcham Junior Bolivia y los  resultados obtenidos. “Ingresar a Amcham  para nosotros ha sido una gran oportunidad. Cuando estábamos buscando mercados, hemos llegado al país de las maravillas con un mercado enorme”, dice doña Irma.

Su empresa de confección de prendas nació con el nuevo siglo. En principio eran cuatro máquinas en un “cuartito de cuatro  metros”.  Hoy, la  fábrica Conaintex tiene 250 máquinas con tecnología de punta y  780 metros cuadrados en tres niveles. “La producción está destinada principalmente a grandes clientes del exterior porque el mercado interno se ha quedado pequeño”, relata la empresaria que mantiene su planta en Las Retamas alteñas.

“Para mí es un privilegio partir desde la ciudad de El Alto y  haber podido abrir una empresa en Estados Unidos, que va a servir de plataforma para exportar otros productos bolivianos. Tenemos el objetivo de poner a la industria alteña, boliviana y latinoamericana  en el mundo. El esfuerzo que vamos a hacer de aquí en adelante no es para obtener títulos, es para contribuir al país”, asegura Acme decidida como cuando siendo muy joven decidió incursionar en el rubro textil sin más armas que una voluntad férrea.

“Conaintex nació con el sentimiento solidario de revolución industrial.  Bolivia tiene capacidad de producción, pero lastimosamente no  muestra su calidad por el tipo de material que se usa, que es de tercera. Tenemos  que demostrar excelencia; el boliviano es digno en todo el sentido de la palabra. Quiero resaltar esa energía industrial de El Alto”, recalca Irma que, cuentan sus empleados, es un torbellino que no se detiene.

Pero no ha sido fácil llegar al sitial en el que se encuentra, como gerente de una de las 60 empresas del país que exporta  a Estados Unidos gracias al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP). “Por ser mujer alteña he sufrido machismo y racismo, vamos a ser sinceros. Pero tampoco me he dejado ni me he ido a pelear, al contrario, destacaba que soy alteña y mujer sí, pero dirijo una corporación y la última decisión la tomo yo”.

El carácter nació con ella, pero se reforzó  en su ciudad natal. “Los alteños somos revolucionarios pero capitalistas. El Alto no se conforma y evoluciona y trabaja para tener y ofrecer lo mejor. Como los gobiernos municipales ni nacionales  nos daban oportunidades, hemos buscado por nuestros medios porque cuando uno quiere, puede”.

Desde que abrió su planta en Estados Unidos, en plena pandemia, la vida de doña Irma se divide entre El Alto y Miami, aunque la comercialización electrónica ayuda. “Los empresarios  no debemos olvidar  que somos de agallas y que el trabajo es nuestra carta de presentación”, recalca.

Fuente: Página Siete

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