Sep 30, 2026 | 12:20

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Columna de opiniรณn de Magerlyn Quintanilla Argandoรฑa
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Magerlyn Quintanilla A. / Comunicadora Social y Periodista

ANรLISIS DE OPINIร“N | Desde la vivencia de la vulneraciรณn propia, surge una verdad incรณmoda: el sistema que jurรณ protegernos estรก dejando morir โ€”en vida y en cuerpoโ€” a los hombres de Bolivia.

LA PAZ, BOLIVIA โ€“ Escribo esto como mujer. Lo escribo habiendo sentido en carne propia el miedo en una calle oscura y la rabia de un techo de cristal. Conozco la urgencia de nuestros derechos porque son mi escudo cotidiano. Pero este 8 de marzo de 2026, la honestidad me obliga a mirar mรกs allรก de mi propio ombligo ideolรณgico. Mientras nosotras marchamos exigiendo ยซlo pocoยป que falta, hay una realidad sangrante que la prensa calla por temor a la cancelaciรณn: en la Bolivia de hoy, el varรณn es el nuevo paria del sistema.

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No es una percepciรณn; es una sentencia estadรญstica. Los resultados del Censo de Poblaciรณn y Vivienda 2024 son el espejo de un paรญs que ha decidido que la vulnerabilidad masculina no merece espacio en la agenda.

El abandono como destino: Mientras celebramos โ€”con razรณnโ€” que las mujeres ahora somos mayorรญa en la educaciรณn superior (34,2% frente al 32,5% de los hombres), ignoramos el grito silencioso del 2,12% de varones que desertan cada aรฑo. El sistema los expulsa hacia el andamio, la mina o el contrabando, mientras nosotras nos consolidamos en la academia. ยฟQuiรฉn estรก realmente en desventaja en la carrera del futuro?

La brecha de la tumba: La esperanza de vida nos dice que las mujeres viviremos, en promedio, 71,1 aรฑos, mientras que ellos se quedan en los 66,1. Cinco aรฑos de vida arrebatados por una salud pรบblica que tiene programas para cada etapa de nuestra biologรญa, pero que ignora el cรกncer de prรณstata, la salud mental masculina y los infartos por estrรฉs de quienes cargan con el peso de ser el ยซรบnico proveedorยป en una economรญa en crisis.

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Como mujer que ha vivido la vulneraciรณn, sรฉ lo que es la injusticia. Pero precisamente por eso, duele ver cรณmo la Ley 348, nacida para salvarnos, se ha convertido a menudo en una guillotina que ignora la presunciรณn de inocencia. Hemos creado un ecosistema donde el hombre boliviano no tiene derecho a la debilidad. Si se deprime, no hay centros de apoyo; si es vรญctima de violencia, es objeto de burla en la FELCV; si pierde su empleo, el estigma social lo aniquila.

ยซNos hemos acostumbrado a medir nuestro progreso en funciรณn de cuรกnto terreno le quitamos al varรณn, sin darnos cuenta de que estamos construyendo una sociedad de hombres rotos, resentidos y desprotegidos. Esa no es la igualdad por la que luchamosยป.

La ยซdesechabilidadยป masculina

La crรณnica de este 8 de marzo debe hablar de los hombres que mueren en los socavones de Potosรญ y en las construcciones de Santa Cruz. Esos rostros no aparecen en los afiches de derechos humanos. Su muerte laboral se acepta como un ยซcosto naturalยป, mientras que cualquier mรญnima brecha de gรฉnero en una oficina es motivo de escรกndalo nacional.

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Molestarรก leer esto. Molestarรก que una mujer diga que hoy, en muchos aspectos, ellos estรกn peor. Pero la verdadera sororidad no deberรญa ser ciega a la injusticia ajena. El 8M no puede seguir siendo un monรณlogo de victimizaciรณn cuando las cifras del Censo 2024 nos muestran a una mujer que avanza y a un hombre que se hunde en el abandono escolar y la muerte prematura.

Si queremos una Bolivia justa, debemos dejar de ver la protecciรณn como un juego de suma cero. No se trata de darnos menos a nosotras, sino de dejar de tratar a los varones como ciudadanos de segunda clase en el reparto de la compasiรณn estatal.


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