Sep 30, 2026 | 16:41

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De la Cruz estalla contra nuevos liderazgos: “Convirtieron la lucha aymara en un negocio personal” 

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El Alto, 8 de abril de 2026.- Con la autoridad moral que le confiere haber liderado la resistencia durante la recordada «Guerra del Gas» de 2003, el abogado indígena y dirigente histórico Roberto De La Cruz, alzó la voz este martes para lanzar severas críticas contra una nueva generación de líderes aymaras, a quienes acusó de priorizar sus ambiciones políticas por encima de los valores ancestrales de reciprocidad y servicio.

Su crítica apuntó directamente contra Santos Quispe, René Yahuasi y un tercero al que describió con dureza como «el que maneja un toro español», el senador Nilton Condori, al considerar que sus acciones están sorprendiendo y defraudando al pueblo que dicen representar.

En declaraciones que sacuden el escenario político de la urbe alteña, De La Cruz lamentó la deriva personalista de quienes hoy ostentan cargos de representación. «Me duele ver cómo priorizan sus ambiciones personales queriendo sorprender al pueblo aymara. No olviden que cuando hablan a nombre de los aymaras, no se representan a sí mismos; representan a un pueblo con historia, dignidad y lucha», dijo el dirigente, subrayando que quien utiliza la política únicamente para beneficio propio traiciona irremediablemente la memoria de los ancestros que forjaron la resistencia indígena en el país.

El histórico líder de El Alto hizo una conexión inevitable con las jornadas de octubre de 2003, al recordar que la movilización que paralizó al país no se gestó para llenar bolsillos ni asegurar curules, sino para defender la soberanía nacional y la dignidad colectiva. «Nuestros pueblos, El Alto como en la ‘guerra del gas 2003’, no luchamos para beneficio personal. Hoy lo están convirtiendo la política en un negocio personal», reprochó, al  exigir a los tres líderes mencionados que antes de volver a hablar en nombre del mundo indígena aprendan a honrarlo con actos concretos de humildad y transparencia.

El mensaje de De La Cruz trascendió la simple crítica para convertirse en una lección política dirigida especialmente a la juventud aymara. Dijo que cuando un líder indígena actúa con ambición desmedida, el daño no es individual, sino colectivo, porque «hace quedar mal a todo un pueblo que ha construido su identidad sobre valores como el respeto, la reciprocidad y el equilibrio». En este sentido, delineó con claridad lo que debería ser la verdadera esencia del poder originario: «Ser dirigente o autoridad no es mandar, es servir. No es aprovecharse, es sacrificarse. No es dividir, es unir».

De La Cruz llamó a Santos Quispe y sus colegas a dejar de lado los actos protagónicos vacíos de contenido. «Por eso a ustedes les decimos con claridad: aún están a tiempo de corregir sus actos. El verdadero liderazgo no se ‘alaraquea’ con guirnaldas, se construye con coherencia, con humildad y con respeto al pueblo», concluyó.


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